TEMPORADA II

TEMPORADA I JUL-NOV 2010

La Iglesia ante el bicentenario

BERNARDO BARRANCO

La Iglesia católica ha tenido un bajo perfil en estas celebraciones del bicentenario. No sólo esmarginación, como acusa Valdemar, sino que ha llegado a esta celebración muy erosionada. Pese a su intención original, ha perdido una oportunidad para analizar con una mirada diferente el papel que ésta ha jugado en nuestra historia. Cabe señalar que la historiografía oficial, marcada por el liberalismo, posteriormente por la visión de revolucionarios e intelectuales socialistas en el siglo XX, han estigmatizado a la Iglesia a contracorriente de la historia. La visión oficial, pese a 10 años de gobiernos panistas, es el de la Iglesia reaccionaria que ha abanderado causas a contramano del progreso y del devenir de nuestro desarrollo como país moderno. Sin embargo, pese al actual reconocimiento a las diversidades existentes, la conformación de nuestra cultura está marcada también por el influjo religioso. Ya lo señalaba Jean Meyer: “Después del milenarismo franciscano elucidado por John Phelan, vino el guadalupanismo, estudiado por David Brading, que presentó a la Nueva España a México como el hijo predilecto de la Virgen María: Non fecit taliter omni nationi. Desde el estandarte del cura Hidalgo hasta las banderas zapatistas y cristeras, desde los sermones de fray Servando hasta el discurso de Casauranc en Celaya y la construcción de la nueva basílica, bajo la protección del presidente Luis Echeverría; todos los políticos lo saben. Esa estrecha relación entre la Virgen morena y la nación mexicana llevó a Altamirano a escribir: ‘el día en que no se adore a la Virgen del Tepeyac en esta tierra, es seguro que habrá desaparecido no sólo la nacionalidad mexicana, sino hasta el recuerdo de los moradores del México actual’.” (Nexos, 03/10). Si bien esta última frase puede resultar exagerada, personalmente me quedo con la obra del historiador David Brading, quien enmarca que detrás del nacionalismo político en el pensamiento de Hidalgo y Morelos, se ubica el avivamiento guadalupano y la creatividad del patriotismo criollo.